CADENA 1

La novela de Mauro Icardi: goles, traiciones y la chance tan esperada

12 Agosto 2017 Deportes

El goleador y capitán del Inter es la gran apuesta de Sampaoli para la recta final camino al Mundial. 

Tanto se lo ha nombrado, tantas veces se lo ha pedido, tantos goles suyos se han repetido a la distancia y ahora, finalmente, su momento llegó. Mauro Icardi, el de los tatuajes, el de las internas amorosas, el de los cruces polémicos con Maxi López, el que era tentado por la selección italiana y prefirió esperar la chance de Argentina. El capitán del Inter. El nueve que siempre estuvo en las sombras y ahora pega el salto de la mano de Jorge Sampaoli. Una historia con todos los condimentos. Y que recién empieza.

Mauro Emanuel Icardi, rosarino, de 24 años. Desde los 9 vive en Europa. Brilló en las juveniles del Club Unión Deportiva Vecindario, de Canarias. Hincha de Newell's. Enseguida lo vio Barcelona y se lo llevó para La Masía en 2008. A los 17 años Mauro conoció el predio de Ezeiza.

Desde ese momento, el camino de Icardi fue ascendente: jugó en la Sub 17 y en la Sub 20. Pasó a préstamo a la Sampdoria y ahí consiguió continuidad. Fue el máximo goleador del equipo en sus dos primeras temporada. En 2011, el conjunto italiano hizo uso de la opción de compra que Barcelona había tasado en 400 mil euros.

A mediados de 2012 conoció a Lionel Messi. Ambos coincidieron en una concentración de Argentina en Frankfurt (Alemania). Icardi en la Selección Sub 20 que comandaba Marcelo Trobbiani jugó un amistoso con los juveniles teutones previo al torneo de L'Alcudia (España). Fue derrota 6-1 (Juan Manuel Iturbe hizo el único gol albiceleste). Messi, dirigido por Alejando Sabella, fue titular -y autor de uno de los goles- en la victoria por 3-1 ante los alemanes.

Su nombre empezaba a sonar en el fútbol argentino. Vivía una situación similar a la de Messi, que tampoco había debutado en el fútbol local y su crianza quedaba lejos de la mirada nacional.

 

Maxi López, del amor al odio

La historia entre los dos delanteros comenzó allá lejos, en Barcelona. Maxi había dado el salto desde River y Mauro era una pequeña promesa de las juveniles. Mauro le pidió una foto y un autógrafo. Sin saber, por ese entonces, que la vida los cruzaría para siempre.

Jugaron juntos en la Sampdoria, compartían el ataque del equipo y forjaron una amistad dentro y fuera de la cancha. “El día previo a irme a una gira de amistosos internacionales en los Estados Unidos, recibí un mensaje de Wanda. Me sorprendió porque yo generalmente hablaba con Maxi, no con ella. Me pidió si podía comprarle un nuevo iPad en Estados Unidos porque aún no había llegado a Italia. Ese episodio, sin embargo, me hizo pensar. ¿Ella realmente quería la tablet o estaba buscando una excusa para ponerse en contacto conmigo?". Así explicó Mauro años después, en su biografía, cómo arrancó su relación con quien hasta ese momento era la mujer de su amigo.

Este conflicto encendió las alarmas de los famosos códigos futboleros. Que el vestuario no admite estas traiciones, que no será aceptado por los compañeros, que de eso no se vuelve...

El combo llegó completo: con tatuajes, con fotos polémicas de Icardi con los hijos de Maxi y Wanda, con cruces picantes en la Liga italiana y más apariciones en la prensa del espectáculo que en la deportiva.

 

A la espera de la Selección mayor

Cada vez que asomaba una posible convocatoria de Icardi, se recordaba aquel 15 de octubre de 2013, su única chance en la Selección mayor y bajo el mando de Sabella.

Fue una especie de blindaje. La Selección ya estaba clasificada al Mundial de Brasil 2014 y querían asegurarse que Italia no se llevara al goleador.

Entró en la lista en reemplazo del lesionado Lionel Messi para la doble y última jornada de las Eliminatorias Sudamericanas, frente ante Perú y Uruguay.

En Montevideo, Icardi ingresó a los 35 minutos del segundo tiempo por Augusto Fernández, en la derrota frente a Uruguay por 3-2.

Luego de ese blindaje, tanto Gerardo Martino como Edgardo Bauza coquetearon con la posibilidad de convocarlo pero nunca lo concretaron. “Sabe que en cualquier momento puede ser llamado”, repetía el Patón mientras los hinchas le caían a Higuaín y a Agüero y el delantero del Inter seguía afilado en el Calcio.

La llegada de Jorge Sampaoli cambió el escenario. En su primera convocatoria para los amistosos frente a Brasil y Singapur, Icardi ya estuvo en la nómina. No pudo jugar por una lesión, pero entró en el grupo y rompió con los prejuicios futboleros. Fue el primer paso.

Ahora, llegaba el gran desafío. La hora de la verdad. La recta final de las Eliminatorias con la mira puesta en Rusia 2018, con un equipo que debe reinventarse y que necesita clasificarse.

Sampaoli redobla la apuesta. Quiere que Icardi sea su 9 en el choque vital ante Uruguay en Montevideo. Y extiende el mensaje con la ausencia de Gonzalo Higuaín en la lista.

Llegó su chance. Se terminaron las palabras. Es hora de demostrar dentro de la cancha y así dejar al margen todo los conflictos que protagonizó afuera. Y que la novela encuentre un final feliz.

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